Viéndolos dirigir, o simplemente cuando están juntos, Gergiev y Salonen parecen dos directores de talante muy distinto, y sin embargo mantienen una gran amistad y el Festival del Báltico es un proyecto común de ambos. Pero mientras Gergiev incide más en el Báltico como cultura común y el Festival como espacio de contacto e intercambio, Salonen le da al Festival un matiz más activo y ya desde la primera edición, pero especialmente en esta tercera, resalta la importancia del Báltico como un mar que se está muriendo, ecológicamente hablando. Salonen es hombre inteligente y sabe perfectamente que la música no sirve para solucionar ningún problema grave, especialmente ecológico. Pero también es muy consciente de que la situación del Báltico es desesperada y nadie puede ser ajena a ella, por eso él desde el podio se preocupa y acaso pueda…
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