Reportajes

Ley sobre el derecho de autor y derechos afines

Coriún Aharonián

La eficiente gestión de AGADU, la pequeña sociedad autoral uruguaya,  había logrado en estas últimas dos o tres décadas asegurar un lugar de privilegio para el creador uruguayo en relación con los de otros países de América Latina (y con los del Tercer Mundo en general), a pesar de la supuestamente defectuosa legislación vigente en nuestro país. Este proceso se dio bajo la administración de los consejos presididos por Antonio Italiano y Alexis Buenseñor, y fue posible gracias al celo profesional y a la discreta y pulcra eficiencia de funcionarios jerárquicos como Martín Marizcurrena, hoy alejado de AGADU, y de muchos otros que continúan trabajando en la institución.

En el Uruguay, hasta esta ley, el compositor de música tenía la posibilidad de ser soberano sobre su producción. Hubo hechos que sirvieron de escarmiento, como el descarado…

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Notas

El tema es mucho más grave: los discos compactos, vendidos a precios elevados, tienen ocupada la mitad de su duración potencial (36 minutos 27 segundos en el volumen 1 de la serie coeditada por La República), la calidad de los materiales deja mucho que desear en numerosos casos ("Quiero a la sombra de un ala" por Los Olimareños, por ejemplo), y los intérpretes pueden no ser los indicados ("Príncipe azul", anunciado como cantado por Mateo, es interpretado por un coro de niños, y la "Canción para vagabundos" no es cantada por Jorge Lazaroff sino por su amigo y tocayo Jorge Bonaldi).

Si tomamos como referencia el balance general del año 1994, veremos que frente a medio millón de pesos recibido del exterior en concepto de derechos de autor, AGADU pagó tres millones y medio de pesos a sociedades extranjeras, y casi ochocientos mil a editoriales (de partituras, reales o fictas, casi todas extranjeras) y a "administraciones transitorias" (que incluyen un cuarto de millón para la Walt Disney Corporation). La contracara de esta calamidad es que - como me lo explicara pacientemente Antonio Italiano hace años - es gracias al porcentaje de administración de estos dineros que AGADU puede sostener su estructura, la cual hace posible el reclamo y cobro de los derechos correspondientes a los compositores uruguayos. Complicado, ¿verdad?

La SGAE - dicho sea de paso - ha aprovechado el bloqueo estadounidense a Cuba para quedarse con el paquete autoral de ese país. España recupera también por esta vía (véase el artículo de tapa de la revista Newsweek del 30 de noviembre último) parte del imperio que perdiera durante el siglo pasado.

¿Será necesario citar a Brecht en su brillante imagen contraponiendo lo grave del hecho de fundar un banco frente a lo mucho menos grave de robarlo?

Del mismo modo: si fotocopiar es delito, ¿por qué las transnacionales fabrican y venden fotocopiadoras que hacen cada vez mejores reproducciones facsimilares de un original? ¿O es que Xerox y Toshiba se pasaron a la guerrilla salvadoreña?

CBS poseía hacia 1970 una docena de sellos discográficos, cadenas radiales, fábricas de instrumentos (Fender entre ellas), subsidiarias dedicadas a armamento, y mantenía vínculos con la Fundación Rockefeller, la petrolera Atlantic, la CIA y otros organismos no menos interesantes.

Quizás esta enumeración incompleta dé una idea más clara del juego habitual de que empresas que parecen competidoras resultan en realidad fraternas integrantes de un mismo grupo empresarial. El chiste de que las marcas de wisqui Chivas, Johnnie Walker y Seagram, o las de vodka Smirnoff y Absolut, pertenezcan a una misma transnacional, ayuda a entender cómo funciona la macroindustria cultural de las transnacionales.

El concepto es reiterado en los artículos tercero y cuarto (con una sutileza: en el cuarto se alterna "obras artísticas o literarias" con "obras literarias y artísticas").

Christian Copyright Licensing International pertenece desde 1994 a la EMI. Es cierto: también el pío Jonathan J. Peachum era británico.

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