La primera puerta que, película tras película, te mete en el mundo de Almodóvar es la de los títulos de crédito. La combinación de música, en los últimos años de Alberto Iglesias, y de diseño gráfico -Juan Gatti-, provocan la inmersión del espectador en el universo estético y hasta cierto punto filosófico -aunque sea una filosofía ligera- del director. Me refiero a esta sensación que se siente, para bien o para mal, de estar de nuevo delante de otro “film de Almodóvar”, como a él le gusta poner en esas secuencias de créditos. Es una especie de telón que el director pone entre su obra y el resto de sensaciones auditivas y visuales de la vida de los espectadores; un telón siempre rítmico, siempre un poco kitsch. Pongo este ejemplo, pero a lo largo de todo Volver, el universo almodóvar se hace patente de otra miles de maneras: los colores,…
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