Algunas veces, un pianista no sólo tiene la capacidad de culminar su concierto con dos propinas ideales, sino que ofrece una interpretación que le permite resumir todo el recital. Las piezas en cuestión fueron la famosa ‘Aufschwung’ (‘Ascenso’) de las Fantasiestüscke (Piezas fanstásticas) y la aún más conocida 'Träumerei’ (‘Ensueño’) de las Kinderszenen (Escenas infantiles) de Schumann, donde el gran Radu Lupu creó un ambiente impetuoso y apasionado en la primera, y lírico y evocador en la segunda, acentuando en ambos casos su relación literaria con las novelas de Jean Paul, es decir, con Florestán y Eusebius. Resulta sorprendente la capacidad que tiene el pianista rumano para conseguir en un auditorio tan grande como la Sala Mozart de Zaragoza que el público experimente sensaciones musicales (y literarias) tan especiales.
Y digo que…
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