Siguiendo la reciente moda entre algunos críticos de Mundoclasico.com, de contar en primera persona las circunstancias de asistencia a los conciertos/óperas o realización de las críticas, paso a relatarles que estoy escribiendo con la botella de agua dedicada por el Baltic Sea Festival a Valeri Gergiev apoyada en la mesa. No es un Gergiev guapo el que aquí aparece, sino algo malencarado, como respondiendo a su fama de ‘dictador’, y con un neto parecido con Harnoncourt, aunque Gergiev tiene las orejas puntiagudas. Tampoco es un agua normal la que se ha introducido en la botella, sino aromatizada al limón o algo semejante. Así que tenemos a un director osetio, pero que se ha convertido en garante de la gran tradición rusa imperial-soviética-democrática encarnada en el Mariinski; identificado comercialmente con la sofisticación (les…
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